La bella y joven Eco era una ninfa
de cuya boca salían las palabras más bellas jamás nombradas. En cuanto a las
palabras ordinarias, se oían de forma más placentera. Esto molestaba a Hera, celosa de que Zeus, su marido, pudiera
cortejarla como a otras ninfas. Y así sucedió. Cuando Hera descubrió el engaño,
castigó a Eco quitándole la voz y obligándola a repetir la última palabra que
decía la persona con la que mantuviera la conversación.[1]
Incapaz de tomar la iniciativa en una conversación, limitada sólo a repetir las
palabras ajenas, Eco se apartó del trato humano.
Retirada en el campo, Eco se
enamoró del hermoso pastor Narciso, hijo de la ninfa Liríope
de Tespia
y del dios-ríoCéfiso. Sin embargo, el vanidoso joven no
tenía corazón y la consideró loca, ignorándola totalmente. Con el corazón roto,
Eco pasó el resto de su vida en cañadas solitarias, suspirando por el amor que
nunca conoció, debilitándose y adelgazando, hasta que sólo quedó su voz.
Por la mañana preparar la pasta: cortar el chocolate en trocitos. Fundir la mantequilla en un cazo y reservar.
En una fuente, batir los huevos y el azúcar con un batidor hasta que la masa quede bien espumosa. Añadir la miel y la leche a la mantequilla( noisette ), mezclar y después añadirlos huevos con azúcar, la levadura, la harina y el cacao en polvo. Mezclar e incorporar el chocolate troceado. Cubrir la fuente con un papel transparente y reservar 6 horas en el frigorífico.
Pasadas las 6 horas precalentar el horno a 200º y llenar los moldes de las magdalenas un tercio de su tamaño. Hornear durante 10 minutos.
Apaga mis enojos, pues que ninguno basta a deshacedlos, y véante mis ojos, pues eres lumbre de ellos, y sólo para ti quiero tenerlos. Descubre tu presencia, y máteme tu vista y hermosura; mira que la dolencia de amor, que no se cura sino con la presencia y la figura. ¡Oh cristalina fuente, sí en esos tus semblantes plateados formases de repente los ojos deseados que tengo en mis entrañas dibujados! ¡Apártalos, Amado, que voy de vuelo! Vuélvete, paloma, que el ciervo vulnerado por el otero asoma al aire de tu vuelo, y fresco toma. Mi Amado las montañas, los valles solitarios nemorosos, las ínsulas extrañas, los ríos sonorosos, el silbo de los aires amorosos, la noche sosegada en par de los levantes de la aurora, la música callada, la soledad sonora, la cena que recrea y enamora.
Fundir juntos el chocolate y la mantequilla en una fuente al baño María. Mezclar los huevos y el azúcar, añadirlos al chocolate fundido, vigilando que la mezcla no esté demasiado caliente para que los huevos no se cuezan.
Añadir el harina y las avellanas troceadas. Verter esta masa en un molde bajo previamente untado con mantequilla.